RAYUELA
Rayuela es una especie de antinovela, sin trama convencional, sin suspenso, sin comentarios psicológicos, casi sin descripciones y carente de una cronología, elementos que retoman la discontinuidad y el desorden de la vida.
El recorrido espiritual de Oliveira, el protagonista de Rayuela empieza en París, donde vive su amante Maga y el hijo pequeño de ésta, Rocamadour, en un cuarto que se convierte en el centro de reunión al grupo de amigos, artistas e intelectuales, quienes con Maga son los interlocutores de Oliveira en los diálogos que completan la mayor parte del texto.
Son muy pocos los eventos ocurridos; el concierto grotesco de Berthe Trepat, la muerte de Rocamadour en medio de una conversación sobre problemas existenciales y el encuentro de Clocharde Emmanuéle con Oliveira.
En Buenos Aires, Oliveira trabaja con sus amigos, la pareja Traveler – Talita, primero en un circo y después en un manicomio, donde Oliveira enloquece y posiblemente se suicida.
La obra termina no solo ambiguamente sino con un anticlímax; son visiones fugaces de un más allá más hipotético que verdadero no logra conformar una ética y una metafísica que articulen un sistema, pero si bien no consigue esto, sí logra sumergir a los lectores en una enajenación que hace “intuir de otra manera casi todo lo que constituye nuestra realidad”.
El libro está muy bien logrado, o por lo menos yo lo creo así. Su estructura y la manera en que se narra resultan muy interesantes, su estilo creo que es particular y no es clásico, tiene giros muy inesperados además que invita al lector a imaginar lo que falta de los fragmentos escritos; la historia en sí es excelente porque maneja esa parte sentimental de los personajes desde un punto de vista menos convencional, y el libro en cierto modo te hace imaginar sucesos, pues el autor así lo deseó; justamente por eso es que Rayuela marco un hito en la literatura latinoamericana al romper toda clase de esquemas. Esta obra en general trata sobre un grupo de latinoamericanos que llega a vivir a Francia-París.
ResponderEliminarRayuela es eso: un juego en el que hay que lanzar una piedra y saltar sobre la casilla que corresponda. Como juego tiene sus reglas: leer en el orden establecido por el autor, usando el tablero de dirección; aunque si se desea, también puede leerse de forma corriente: empezando del lado de allá, por el capítulo uno y finalizando el número cincuenta y seis. Por consiguiente, el lector (como señala Cortázar) prescindirá sin remordimientos de lo que sigue, es decir, de los capítulos de otros lados. Pero el auténtico lector, el que comprende que la lectura establece un procedimiento similar al juego, comenzará en el capítulo setenta y tres y seguirá el orden que se indica al pie de cada capítulo. Así, el verdadero lector será el que se implique en le juego al que nos invita el escritor.
ResponderEliminarA mi parecer, Rayuela representa no solo el proyecto mas ambicioso de Julio Cortazar, sino tambien el mas ariesgado; recordemos que al carecer de un trama convencional, sin suspenso, sin comentarios psicológicos, casi sin descripciones y carente de una cronología, rompe con todos los esquemas conocidos hasta la epoca y ello le pudo haber dado cabida al desprecio, pero supo contar una historia, ayudarnos a interpretarla y asi, se convirtió en uno de los mejores autores de la lengua castellana.
ResponderEliminarsu final abierto nos da la posibilidad de imaginar diversidad de cosas, que hace “intuir de otra manera casi todo lo que constituye nuestra realidad”.